Vida Cruelty Free

Estudio Avon revela una fuerte paradoja en Chile: 84% de las chilenas usa la tecnología para empoderarse, pero rechaza la "belleza inalcanzable"

El estudio Hablemos de Tecnología, realizado por la marca cruelty free, revela que en Chile persisten fuertes sesgos: el 72% percibe que los referentes tecnológicos son hombres. Frente a una consumidora más exigente donde el 58% pagaría más por respaldo tecnológico, Avon asume el desafío de democratizar la innovación.

Hablemos de tecnología, Avon
Hablemos de tecnología / FUENTE: Avon

En Chile persisten con más fuerza que en otros países de la región las marcas culturales que asocian la innovación con lo masculino. Así lo revela el estudio "Hablemos de Tecnología", realizado por Avon junto a la consultora Gentedemente, aplicado en febrero de 2026 a 322 mujeres chilenas, con una muestra total de 2398 casos en Latino América (Chile, Argentina, Colombia, México, Perú y Ecuador).

Los resultados locales exponen una profunda tensión: por un lado, el 84% de las chilenas afirma que la tecnología ayuda a las mujeres a ser más autónomas y el 73% considera que contribuye a reducir desigualdades de género. En el ámbito laboral, el 98% de las emprendedoras locales asegura que el uso de estas herramientas las ayuda a ser más productivas.

Sin embargo, frente a este entusiasmo, persisten fuertes barreras. El 72% percibe que los referentes tecnológicos en los medios son principalmente hombres (la cifra más alta de la región) y el 69% afirma que cuando una mujer sabe mucho de tecnología, suele ser vista como "excepcional". Además, el 48% señala que desde la infancia se incentiva más a los varones al uso digital.

"Los resultados muestran que el desafío ya no pasa por la capacidad de las mujeres en tecnología, sino por los imaginarios que seguimos reproduciendo. En Chile vemos con más fuerza que la tecnología todavía se asocia simbólicamente a lo masculino. Visibilizar esta brecha cultural es el primer paso para normalizar la presencia de mujeres en innovación, no como excepción, sino como regla", explicó Natalia Gálvez, coordinadora de Reputación y Comunicación Corporativa de Avon.

La chilena: La consumidora de belleza más sofisticada y exigente

El estudio también profundizó en la relación entre tecnología y belleza, revelando que la consumidora chilena es altamente analítica. El 58% está dispuesta a pagar más por productos de belleza o cuidado personal cuando tienen respaldo tecnológico comprobado. Asimismo, el 85% valora que la innovación permita la existencia de productos específicos para distintos tipos de personas.

Pero este nivel de sofisticación viene acompañado de un fuerte rechazo a la distorsión: el 79% de las chilenas es enfática al decir que los filtros y programas para retocar fotos crean estándares de belleza imposibles. Quieren ciencia real que las acompañe, evidenciado en un dato que marca un cambio de paradigma: a la hora de elegir productos, casi 3 de cada 10 chilenas (29%) ya confían más en la recomendación de una Inteligencia Artificial que en la de un influencer.

El desafío de democratizar la ciencia

El estudio puso un espejo frente a la industria. Hoy, solo el 18% del mercado chileno asocia a Avon con innovación tecnológica. Lejos de omitir este dato, la compañía lo ha tomado como motor para transparentar su realidad científica.

"Las mujeres chilenas nos están diciendo fuerte y claro que no quieren promesas vacías ni estándares irreales, buscan calidad y tecnología comprobada", señala Natalia Gálvez. "Nuestra misión es cambiar la percepción de ese 18%. La ciencia de punta compite al más alto nivel en nuestros laboratorios; históricamente hemos sido pioneros: fuimos la primera marca en estabilizar la Vitamina C en un laboratorio y desarrollamos el Protinol, una tecnología exclusiva y patentada que estimula el colágeno. Queremos demostrar que la ciencia de alta calidad y la accesibilidad deben ir de la mano, para que la innovación no sea un privilegio de nicho, sino la regla".

Este compromiso con la innovación responsable se enmarca además en el estándar ético de la compañía, que lleva más de 30 años sin testear en animales y hoy cuenta con la exigente certificación global Leaping Bunny.