Mestizos Magazine

Halloween con animales: Sí.. ¿o no?

Halloween | Marcos Díaz Videla

Las personas incluimos a nuestros animales en múltiples festejos y ceremonias, tanto laicas como religiosas, tanto sociales como privadas.

Cada año, llegado el 31 de octubre, las chicas y yo nos ponemos nuestros disfraces. No hacemos mucho más que jugar unos minutos y sacarnos un par de fotos. Pero lo que trasciende el living de casa es que busco que la foto circule en las redes sociales. A veces, inclusive, yo acabo burlándome de mí mismo como profesional de la salud mental. Pero esa foto ridícula de cada Halloween tiene un sentido reivindicativo para mí.

Claro que esto no se limita a una sola celebración. Las personas incluimos a nuestros animales en múltiples festejos y ceremonias, tanto laicas como religiosas, tanto sociales como privadas. Las más reconocidas son el festejo del cumpleaños del animal o que reciban un presente en Navidad, pero, además, existen diversos registros de otras menos conocidas, como celebraciones de Bar Mitzvah para perros, gatos y caballos, bodas de perros y ceremonias de bendiciones religiosas de animales de compañía.

¿Por qué la gente impone celebraciones humanas a otras especies? Es posible que existan distintas respuestas y más de una motivación. Algunos autores han propuesto que, al menos en parte, puede deberse a la desconexión del mundo actual urbano con el mundo natural, y la consiguiente necesidad de reconectarse. Pensemos, por ejemplo, las celebraciones en torno a la naturaleza o los cultos a dioses con formas animales que han existido desde siempre en múltiples culturas. Bueno, nuestra cultura occidental actual no tiene paralelo con eso. Este argumento tiene cierta lógica.

Por otro lado, estas celebraciones han sido muchas veces interpretadas como expresiones excesivas del antropomorfismo de los animales. Es decir, como la tendencia a percibirlos en términos humanos, la cual en estos rituales iría demasiado lejos. Estas ideas no están fundamentadas en estudios de ninguna índole. Hay muy poco investigado sobre el tema, pero lo que se observó es que en estas celebraciones sólo se espera que los animales cumplan los roles humanos por pocos minutos, frecuentemente para capturar el momento en las cámaras.

Por ejemplo, si se los viste de gala, no se pretende que permanezcan con esas prendas o accesorios. También se observó que los lugares de celebración son mayormente exteriores adaptados a los animales, que no se los alimenta ni hidrata con lo mismo que a humanos y que tampoco se le hacen obsequios que se les haría a los humanos en esa situación. Es decir, los organizadores de estos eventos ponen en juego su creatividad, reúnen a sus afectos y realizan un evento divertido en el que no pierden de vista que sus animales no son humanos. Si se evita toda incomodidad en los animales, ¿por qué se cuestiona tanto la existencia de estas celebraciones? ¿Acaso sería más sano que no existieran?

Entre los rituales más frecuentes con animales se encuentran otros que puede ayudarnos a ampliar la perspectiva. Estos son los seguidos a su muerte de los animales, los cuales, a diferencia de los de humanos, no se encuentran reglamentados. Por ejemplo, mayormente no hay restricciones sobre donde se pueden esparcir las cenizas o donde pueden llevarse a cabo los entierros. Todo lo que se requiere son acciones que brinden consuelo al compañero humano de luto. Claro que este paso final también puede estar totalmente des-ritualizado y consistir en llamar a un servicio que retire al animal y le practique eutanasia, o bien que retire sus restos de donde esté y se ocupe de estos. Pero lo más frecuente es incorporar a los animales en las costumbres funerarias humanas, las cuales son extraídas de las raíces culturales o religiosas de cada persona. Acá se hace más evidente el sentido y se vuelve menos cuestionable la existencia del ritual.

Así llegamos a la tercera motivación propuesta: Estas ceremonias humano-animal, en sus diversas formas, parecen más bien orientarse a reafirmar la legitimidad a los vínculos que tenemos con nuestros animales de compañía. Nos permiten a las personas expresar, de manera no verbal, sentimientos que podrían ser difíciles de articular, pero que claramente están ligados al amor y el compromiso. Estos rituales reivindican la identidad social de los animales con los estamos vinculados, a la vez que refuerzan el sentimiento de unidad con ellos. Y esto es lo que cada año, en nuestra foto de Halloween, intento reivindicar.

En cualquier caso, sea que nos motive reconectarnos con el mundo natural, el antropomorfismo o reivindicar socialmente los vínculos con nuestros animales, estas celebraciones, rituales y ceremonias son excelentes oportunidades para desplegar nuestra creatividad, reunir a nuestros afectos y pasar un momento divertido y memorable con nuestros animales.

Por Marcos Díaz Videla, Doctor en psicología, docente en Universidad de las Flores en Buenos Aires, autor de "Antrozoología y el vínculo humano y perro".

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