Actualidad Animal

El mito del huevo de "gallinas felices" 

Recientemente, el Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC) advirtió que expresiones ampliamente utilizadas en la comercialización de huevos, como gallinas felices, carecen de una definición legal o técnica en el país.

Gallinas, Pixabay
Gallinas / FUENTE: Pixabay

Cada vez es más común encontrar en supermercados y tiendas productos que incorporan sellos, slogans o mensajes que buscan transmitir una imagen de respeto hacia el medio ambiente o los animales. Esta tendencia responde a un consumidor cada vez más consciente del impacto que sus decisiones de compra tienen sobre el planeta y quienes lo habitan. 

Sin embargo, cuando estos mensajes no cuentan con estándares claros ni mecanismos de verificación, pueden transformarse en simples herramientas de marketing y promoción. 

Recientemente, el Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC) advirtió que expresiones ampliamente utilizadas en la comercialización de huevos, como "gallinas felices", carecen de una definición legal o técnica en el país. En otras palabras, no existe actualmente una normativa que establezca qué condiciones deben cumplirse para utilizar esta denominación ni una certificación oficial que garantice que las aves efectivamente viven bajo los estándares que el consumidor podría imaginar. 

Mauricio Serrano, director de Veganuary Latinoamérica  / veganuary
Mauricio Serrano, director de Veganuary Latinoamérica  veganuary

      Mauricio Serrano, director de Veganuary Latinoamérica 

Esto levanta una alerta importante. Cuando una persona compra huevos etiquetados como provenientes de "gallinas felices", podría asumir que las aves viven al aire libre, tienen acceso permanente a espacios abiertos, pueden expresar comportamientos naturales, reciben cuidados adecuados y disfrutan de buenas condiciones de bienestar. Sin embargo, el uso de esta expresión no necesariamente garantiza esas condiciones. 

De hecho, la experiencia internacional ha demostrado que términos similares como "gallinas felices, "libre de jaulas" o incluso "gallinas libres" pueden generar percepciones muy distintas a la realidad de los sistemas productivos. En algunos casos, investigaciones y organizaciones de protección animal han documentado instalaciones donde, pese a la utilización de estos conceptos en el etiquetado, las aves continúan viviendo en condiciones de alta densidad, con acceso limitado al exterior o enfrentando prácticas propias de la producción industrial. 

El problema de fondo es que el consumidor recibe un mensaje emocionalmente positivo, pero no cuenta con información suficiente para verificar qué hay detrás de esa promesa. Cuando no existen estándares transparentes, fiscalización ni criterios claros, el riesgo de inducir a error se vuelve evidente. 

Esta discusión surge precisamente durante el Mes de las Gallinas, una iniciativa impulsada por Veganuary a nivel internacional durante junio para visibilizar la situación de millones de aves utilizadas por la industria del huevo. Más allá de las etiquetas y campañas publicitarias, la invitación es a informarse sobre la realidad que enfrentan estos animales y reflexionar sobre cómo nuestras decisiones de consumo pueden contribuir a construir sistemas alimentarios más transparentes, compasivos y coherentes con los valores que decimos defender. 

Y sinceramente, la mejor forma de estar seguro de ayudar a las gallinas es evitar el consumo de sus huevos o su carne.