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¿Quién cuida a quiénes rescatan? La salud mental detrás del rescate animal

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Salvar una vida puede ser profundamente gratificante. Pero quienes rescatan animales conviven también con el abandono, el maltrato y la muerte. A veces, con la dolorosa certeza de que no podrán ayudarlos a todos. Las exigencias de esta labor y las decisiones que impone pueden afectar su salud mental.

La realidad del rescate animal

Detrás de cada animal rescatado hay una historia que pocas veces se cuenta: la de quienes lo encontraron, buscaron atención veterinaria, financiaron tratamientos, consiguieron refugio y dedicaron tiempo a su recuperación. A veces, también la de quienes, pese a sus esfuerzos, tuvieron que enfrentar su muerte.

El rescate no termina cuando el animal llega a un lugar seguro. Siguen los tratamientos, los cuidados durante la recuperación, la búsqueda de un hogar definitivo y la gestión de recursos. Mientras tanto, las solicitudes de ayuda no se detienen. En organizaciones pequeñas, sostenidas en gran medida por voluntarios, esas tareas suelen concentrarse en pocas personas y ocupar parte del tiempo destinado al descanso y la vida personal.

En Chile, un diagnóstico exploratorio elaborado por la Corporación Adfinitas, con información recogida entre 2023 y 2024 de cerca de 150 organizaciones de protección animal, identificó grandes dificultades económicas y escasez de redes de apoyo. Entre las organizaciones participantes, el 66% señaló que, frente a situaciones críticas, su único apoyo provenía del propio equipo. Con recursos limitados, también hay que decidir a quién ayudar primero, qué tratamientos financiar o cuándo dejar de recibir animales. Las necesidades pueden superar la capacidad de respuesta y las decisiones más difíciles recaen, justamente, sobre quienes intentan aliviar ese sufrimiento. A la presión económica pueden sumarse críticas por rescates que no se concretan, desacuerdos dentro de los equipos y solicitudes de ayuda en horarios diversos. Incluso después de una jornada difícil, las personas deben seguir respondiendo mensajes, organizando traslados y buscando quién pueda hacerse cargo del próximo animal.

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Cuando cuidar también duele: las consecuencias para la salud mental

El contacto repetido con animales heridos, maltratados o abandonados, sumado a las exigencias del rescate, puede afectar el bienestar psicológico de quienes rescatan. No todas las personas experimentan el mismo desgaste, ni todas las respuestas tienen la misma causa, pero todas comparten un escenario común: en enfrentamiento con la adversidad.

El burnout, o agotamiento ocupacional, se relaciona con exigencias sostenidas y estrés crónico que puede expresarse como cansancio persistente, distanciamiento respecto de las tareas y sensación de ineficacia. Para un rescatista, la impresión de que el trabajo nunca termina puede ser tan desgastante como la cantidad de horas dedicadas a ello. Cuando el descanso se interrumpe una y otra vez, recuperar energía resulta especialmente difícil.

Monaghan y colaboradores (2024) estudiaron a 559 personas dedicadas al cuidado animal y encontraron una asociación entre las exigencias de la actividad y mayores niveles de burnout y estrés traumático secundario. Evaluaron, entre otras demandas, la presión del trabajo, el esfuerzo emocional y cognitivo y los conflictos entre responsabilidades. Aún así, la mayoría de los participantes no presentó puntuaciones de alto riesgo, es decir, el deterioro psicológico no es inevitable.

Por otra parte, la fatiga por compasión se refiere al costo emocional de convivir con el sufrimiento de otros mientras se intenta aliviarlo. Puede manifestarse como irritabilidad, agotamiento o dificultad creciente para involucrarse afectivamente. Ese distanciamiento no significa necesariamente que el rescatista haya dejado de preocuparse por los animales, sino más bien que su capacidad para sostener ese sufrimiento ha llegado a un límite.

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Cuando existe exposición a eventos adversos graves de otros por quienes nos preocupamos, puede haber estrés traumático secundario, cuyos síntomas son recuerdos o imágenes intrusivas, evitación y un estado persistente de alerta. Conocer historias de crueldad o atender animales que han sufrido violencia puede constituir este tipo de exposición, incluso sin haber presenciado los hechos. Del mismo modo, el contacto reiterado con el maltrato podría afectar también la confianza en las personas y la sensación de seguridad.

Y está el duelo. Cuando muere un animal después de semanas o meses de cuidados, quien estableció un vínculo con él puede vivir una pérdida profunda. López-Cepero y colaboradores (2025) estudiaron a 130 voluntarios de organizaciones de protección animal en España y encontraron que en dos tercios de los rescatistas los duelos tendían a prolongarse. A ese dolor se suma, a veces, la falta de reconocimiento social y la necesidad de seguir atendiendo nuevas emergencias. No siempre existe tiempo, ni un espacio compartido, para despedirse del animal y hablar de lo ocurrido.

Existe otra experiencia que no depende sólo del agotamiento ni de la exposición al dolor: el sufrimiento moral. El concepto surge en el ámbito sanitario para describir lo que ocurre cuando alguien identifica una acción que considera éticamente correcta, pero no puede llevarla a cabo debido a restricciones externas (Comité de Bioética de Andalucía, 2021).

No es lo mismo lamentar la muerte de un animal que recibió todos los cuidados disponibles que saber que necesita un tratamiento y no conseguir acceder a él. En el segundo caso, al dolor por el animal se añade el conflicto entre lo que la persona considera que debería hacerse y lo que realmente puede hacer. Esa brecha puede generar impotencia, culpa, frustración o rabia. Ahora bien, no toda decisión difícil constituye sufrimiento moral: cuando ninguna alternativa es claramente mejor, la persona puede enfrentar un dilema ético sin disponer de una respuesta indiscutible. El sufrimiento moral ocurre cuando se tiene certeza de lo correcto, pero ello no es posible. En algunos casos,  pueden existir consecuencias psicológicas y relacionales persistentes vinculadas con experiencias que vulneran valores fundamentales, lo que se conoce como lesión moral (moral injury). En una encuesta de 291 trabajadores y voluntarios del cuidado animal, McNally (2026) identificó tres vías de exposición a experiencias potencialmente lesivas para los valores: presenciar acciones contrarias a los propios principios (63,9 %), verse afectado por acciones u omisiones ajenas (38,5 %) y haber actuado u omitido actuar en conflicto con los propios valores (29,2 %).  Es relevante aclarar que una persona puede sentirse responsable de no haber salvado a un animal sin haber cometido ninguna falta. Es frecuente que la responsabilidad que siente es mucho mayor que sus posibilidades reales de actuar.

Pero no todo es gris, el rescate ofrece satisfacción, vínculos y sentido de propósito. Ver recuperarse a un animal o encontrarle un hogar no borra las experiencias difíciles, pero recuerda por qué tantas personas continúan adelante. La tarea es hacer posible ese compromiso sin exigir que sacrifiquen su salud para sostenerlo.

Cuidar a quienes cuidan: una responsabilidad compartida

Descansar, reconocer las señales de agotamiento y buscar ayuda profesional cuando sea necesario es sumamente importante, pero el autocuidado no resuelve, por sí solo, la falta de recursos, la sobrecarga ni las decisiones que nadie debería enfrentar en soledad.

Existen medidas que las organizaciones pueden tomar, como distribuir tareas, establecer turnos para atender emergencias, fijar límites realistas de capacidad y compartir las decisiones difíciles. También necesitan espacios donde hablar del duelo y de los conflictos éticos sin que expresar malestar sea interpretado como falta de compromiso.

En un estudio piloto, Trevathan y colaboradores (2026) observaron mejorías en indicadores de estrés, duelo y desgaste entre 18 participantes que completaron las evaluaciones de un programa de apoyo grupal de diez semanas. Aunque preliminares, son resultados alentadores.

Natalia Pinto Manada Sanadora

Asimismo, la comunidad puede asumir tareas concretas: ofrecer hogares temporales, colaborar con traslados, donar recursos, ayudar con la administración y promover adopciones responsables. Las instituciones pueden contribuir facilitando atención veterinaria, apoyos materiales y acceso a acompañamiento psicosocial y los particulares pueden reconocer el trabajo de los rescatistas sin exigirles disponibilidad permanente. Cuando alguien dice que no puede recibir otro animal o acudir a un llamado, no está diciendo que ese sufrimiento no le importe. Puede estar reconociendo, precisamente, el límite de lo que hoy puede sostener.

Para proteger a más animales, necesitamos que quienes los rescatan puedan seguir haciéndolo sin quedar solos frente a todo lo que exige esa tarea. Y tú, ¿Has abrazado a un rescatista hoy?

Dra. Andrea Muga.( Psiquiatría Adultos) / Alcalde Cabezon

Departamento de Bienestar Animal y Convivencia Multiespecie. Gobierno Animal /Alcalde Cabezon

Referencias

1.     Avilés Fernández, C. A. (s. f.). Rescatistas bajo presión: Factores críticos que afectan la sostenibilidad de las organizaciones de protección animal en Chile [Informe de diagnóstico exploratorio]. Corporación Adfinitas. https://adfinitas.cl/our-works/

2.     Comité de Bioética de Andalucía. (2021). Propuesta del Comité de Bioética de Andalucía respecto al sufrimiento moral de los profesionales del sistema sanitario y social en Andalucía. Consejería de Salud y Familias. https://www.bioetica-andalucia.es/wp-content/uploads/2021/11/Propuesta-CBA-sufrimiento-moral-profesionales.pdf

3.     López-Cepero, J., García-Martínez, J., Martos-Montes, R., & Rivera, F. (2025). Bereavement for companion animals: Intensity, moderating variables, and effects on wellbeing. Journal of Loss and Trauma, 30(1), 99-116. https://doi.org/10.1080/15325024.2024.2324284

4.     McNally, J. (2026). Moral injury in animal care workers: Prevalence, pathways, and phenomenology in a cross-sector sample. Frontiers in Psychiatry, 17, Article 1820899. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2026.1820899

5.     Monaghan, H., Rohlf, V., Scotney, R., & Bennett, P. (2024). Compassion fatigue in people who care for animals: An investigation of risk and protective factors. Traumatology, 30(1), 77-85. https://doi.org/10.1037/trm0000246

6.     Trevathan-Minnis, M., Morris, N., Johnson Binder, A., & Pelar, C. (2026). Assessing the impact of a support group on people who work and volunteer in animal rescues and shelters: A pilot study. Human-Animal Interactions, 14(1), Article 0022. https://doi.org/10.1079/hai.2026.0022

Alcalde Cabezón Difusión
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