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Animales, territorio y salud: una lección antigua que Chile vuelve a escuchar

bosques | Pixabay

Chile suele pensarse desde sus contrastes. El desierto de Atacama y los bosques de La Araucanía parecen opuestos, pero ambos territorios comparten una enseñanza profunda heredada de sus pueblos originarios. Humanos, animales y naturaleza forman un entramado relacional donde el bienestar de uno nunca es independiente del otro.

En Atacama, el habitar ancestral se construyó desde la observación cuidadosa de un entorno frágil. Los animales, especialmente los camélidos, no fueron simples recursos productivos, sino compañeros de subsistencia, movilidad y sentido. La historiografía ha mostrado que su cuidado estaba ligado a un orden ecológico y ritual, donde dañar al animal implicaba quebrar la armonía del territorio y afectar la salud colectiva. En el desierto, cuidar la vida siempre fue cuidar la comunidad.

En La Araucanía, la cosmovisión mapuche expresa con claridad esta misma lógica relacional. El itrofill mongen, la diversidad de la vida, reconoce a los animales como parte activa de un sistema vivo interdependiente. Cuando se rompe el vínculo de reciprocidad entre personas, animales y entorno, emerge la enfermedad, no solo como evento biológico, sino como desequilibrio del habitar.

Ximena Martínez, directora de la Comisión Nacional de Equidad y Perspectiva de Género del Colegio Médico Veterinario de Chile. Colmevet

Esta comprensión ancestral dialoga hoy con reflexiones filosóficas que cuestionaron la separación moderna entre sujeto y mundo. Kant advirtió que el conocimiento no es un reflejo neutro de la realidad; Heidegger pensó la existencia como ser-en-el-mundo; y Merleau-Ponty recordó que toda experiencia es corporal y situada.

La ciencia contemporánea llegó a conclusiones similares. Humberto Maturana y Francisco Varela mostraron que lo humano emerge del vínculo, no del aislamiento.

Hoy, conceptos como Una Salud y One Welfare, promovidos por la OMS, la OMSA y la FAO, vuelven a nombrar lo que nuestros pueblos originarios han comprendido desde siempre: que la salud es relacional, territorial y compartida.

Si esta claridad forma parte de la sabiduría ancestral de nuestra nación, ¿no debiera entonces la medicina veterinaria, desde Una Salud y One Welfare, ser reconocida plenamente como parte de las profesiones de la salud en Chile y para Chile?

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